*CIC LAFORMACION DE LA CONCIENCIA

* CIC               La formación de la conciencia

1783 Hay que formar la conciencia, y esclarecer el juicio moral. Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del Creador. La educación de la conciencia es indispensable a seres humanos sometidos a influencias negativas y tentados por el pecado a preferir su propio juicio y a rechazar las enseñanzas autorizadas.

1784 La educación de la conciencia es una tarea de toda la vida. Desde los primeros años despierta al niño al conocimiento y la práctica de la ley interior reconocida por la conciencia moral. Una educación prudente enseña la virtud; preserva o sana del miedo, del egoísmo y del orgullo, de los insanos sentimientos de culpabilidad y de los movimientos de complacencia, nacidos de la debilidad y de las faltas humanas. La educación de la conciencia garantiza la libertad y engendra la paz del corazón.

1785 En la formación de la conciencia, la Palabra de Dios es la luz de nuestro caminar; es preciso que la asimilemos en la fe y la oración, y la pongamos en práctica. Es preciso también que examinemos nuestra conciencia atendiendo a la cruz del Señor. Estamos asistidos por los dones del Espíritu Santo, ayudados por el testimonio o los consejos de otros y guiados por la enseñanza autorizada de la Iglesia (cf DH 14).

III. Decidir en conciencia

1786 Ante la necesidad de decidir moralmente, la conciencia puede formular un juicio recto de acuerdo con la razón y con la ley divina, o al contrario un juicio erróneo que se aleja de ellas.

1787 El hombre se ve a veces enfrentado con situaciones que hacen el juicio moral menos seguro, y la decisión difícil. Pero debe buscar siempre lo que es justo y bueno y discernir la voluntad de Dios expresada en la ley divina.

1788 Para esto, el hombre se esfuerza por interpretar los datos de la experiencia y los signos de los tiempos gracias a la virtud de la prudencia, los consejos de las personas entendidas y la ayuda del Espíritu Santo y de sus dones.

1789 En todos los casos son aplicables algunas reglas:

— Nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien.

— La “regla de oro”: “Todo […] cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros” (Mt 7,12; cf  Lc 6, 31; Tb 4, 15).

— La caridad debe actuar siempre con respeto hacia el prójimo y hacia su conciencia: “Pecando así contra vuestros hermanos, hiriendo su conciencia…, pecáis contra Cristo” (1 Co 8,12). “Lo bueno es […] no hacer cosa que sea para tu hermano ocasión de caída, tropiezo o debilidad” (Rm 14, 21).

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* CCC THE JUDGMENT OF CONSCIENCE

* CCC                   The Judgment of Conscience

1777 Moral conscience,48 present at the heart of the person, enjoins him at the appropriate moment to do good and to avoid evil. It also judges particular choices, approving those that are good and denouncing those that are evil.49 It bears witness to the authority of truth in reference to the supreme Good to which the human person is drawn, and it welcomes the commandments. When he listens to his conscience, the prudent man can hear God speaking.

1778 Conscience is a judgment of reason whereby the human person recognizes the moral quality of a concrete act that he is going to perform, is in the process of performing, or has already completed. In all he says and does, man is obliged to follow faithfully what he knows to be just and right. It is by the judgment of his conscience that man perceives and recognizes the prescriptions of the divine law:

Conscience is a law of the mind; yet [Christians] would not grant that it is nothing more; I mean that it was not a dictate, nor conveyed the notion of responsibility, of duty, of a threat and a promise…. [Conscience] is a messenger of him, who, both in nature and in grace, speaks to us behind a veil, and teaches and rules us by his representatives. Conscience is the aboriginal Vicar of Christ.50

1779 It is important for every person to be sufficiently present to himself in order to hear and follow the voice of his conscience. This requirement of interiority is all the more necessary as life often distracts us from any reflection, self-examination or introspection:

Return to your conscience, question it…. Turn inward, brethren, and in everything you do, see God as your witness.51

1780 The dignity of the human person implies and requires uprightness of moral conscience. Conscience includes the perception of the principles of morality (synderesis); their application in the given circumstances by practical discernment of reasons and goods; and finally judgment about concrete acts yet to be performed or already performed. the truth about the moral good, stated in the law of reason, is recognized practically and concretely by the prudent judgment of conscience. We call that man prudent who chooses in conformity with this judgment.

1781 Conscience enables one to assume responsibility for the acts performed. If man commits evil, the just judgment of conscience can remain within him as the witness to the universal truth of the good, at the same time as the evil of his particular choice. the verdict of the judgment of conscience remains a pledge of hope and mercy. In attesting to the fault committed, it calls to mind the forgiveness that must be asked, the good that must still be practiced, and the virtue that must be constantly cultivated with the grace of God:

We shall . . . reassure our hearts before him whenever our hearts condemn us; for God is greater than our hearts, and he knows everything.52

1782 Man has the right to act in conscience and in freedom so as personally to make moral decisions. “He must not be forced to act contrary to his conscience. Nor must he be prevented from acting according to his conscience, especially in religious matters.”53

48 Cf. ⇒ Rom 2:14-16.
49 Cf. ⇒ Rom 1:32.
50 John Henry Cardinal Newman, “Letter to the Duke of Norfolk,” V, in    Certain Difficulties felt by Anglicans in Catholic Teaching II (London:    Longmans Green, 1885), 248.
51 St. Augustine, In ep Jo. 8, 9: PL 35, 2041.
52 1 ⇒ Jn 3:19-20.
53 DH 3 # 2.

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* CIC LA CONCIENCIA MORAL

*CIC   LA CONCIENCIA MORAL

1776 “En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal […]. El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón […]. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (GS 16).

I. El dictamen de la conciencia

1777 Presente en el corazón de la persona, la conciencia moral (cf Rm 2, 14-16) le ordena, en el momento oportuno, practicar el bien y evitar el mal. Juzga también las opciones concretas aprobando las que son buenas y denunciando las que son malas (cf Rm 1, 32). Atestigua la autoridad de la verdad con referencia al Bien supremo por el cual la persona humana se siente atraída y cuyos mandamientos acoge. El hombre prudente, cuando escucha la conciencia moral, puede oír a Dios que le habla.

1778 La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo lo que dice y hace, el hombre está obligado a seguir fielmente lo que sabe que es justo y recto. Mediante el dictamen de su conciencia el hombre percibe y reconoce las prescripciones de la ley divina:

La conciencia «es una ley de nuestro espíritu, pero que va más allá de él, nos da órdenes, significa responsabilidad y deber, temor y esperanza […] La conciencia es la mensajera del que, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de la gracia, a través de un velo nos habla, nos instruye y nos gobierna. La conciencia es el primero de todos los vicarios de Cristo» (Juan Enrique Newman, Carta al duque de Norfolk, 5).

1779 Es preciso que cada uno preste mucha atención a sí mismo para oír y seguir la voz de su conciencia. Esta exigencia de interioridad es tanto más necesaria cuanto que la vida nos impulsa con frecuencia a prescindir de toda reflexión, examen o interiorización:

«Retorna a tu conciencia, interrógala. […] Retornad, hermanos, al interior, y en todo lo que hagáis mirad al testigo, Dios» (San Agustín, In epistulam Ioannis ad Parthos tractatus 8, 9).

1780 La dignidad de la persona humana implica y exige la rectitud de la conciencia moral. La conciencia moral comprende la percepción de los principios de la moralidad («sindéresis»), su aplicación a las circunstancias concretas mediante un discernimiento práctico de las razones y de los bienes, y en definitiva el juicio formado sobre los actos concretos que se van a realizar o se han realizado. La verdad sobre el bien moral, declarada en la ley de la razón, es reconocida práctica y concretamente por el dictamen prudente de la conciencia. Se llama prudente al hombre que elige conforme a este dictamen o juicio.

1781 La conciencia hace posible asumir la responsabilidad de los actos realizados. Si el hombre comete el mal, el justo juicio de la conciencia puede ser en él el testigo de la verdad universal del bien, al mismo tiempo que de la malicia de su elección concreta. El veredicto del dictamen de conciencia constituye una garantía de esperanza y de misericordia. Al hacer patente la falta cometida recuerda el perdón que se ha de pedir, el bien que se ha de practicar todavía y la virtud que se ha de cultivar sin cesar con la gracia de Dios:

«Tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo» (1 Jn 3, 19-20).

1782 El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales. “No debe ser obligado a actuar contra su conciencia. Ni se le debe impedir que actúe según su conciencia, sobre todo en materia religiosa” (DH 3)

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LEVITICUS CHAPTER19

1 Yahweh spoke to Moses and said:

2 ‘Speak to the whole community of Israelites and say: “Be holy, for I, Yahweh your God, am holy.

3 “Each of you will respect father and mother. “And you will keep my Sabbaths; I am Yahweh your God.

4 “Do not turn to idols and do not cast metal gods for yourselves. I am Yahweh your God.

5 “If you offer a communion sacrifice to Yahweh, make it in such a way as to be acceptable.

6 It must be eaten the same day or the day after; whatever is left on the third day must be burnt.

7 If eaten on the third day it would be rotten food and not be acceptable.

8 Anyone who eats it must bear the consequences of this guilt, having profaned Yahweh’s holiness; that person will be outlawed from his people.

9 “When you reap the harvest of your land, you will not reap to the very edges of the field, nor will you gather the gleanings of the harvest;

10 nor will you strip your vineyard bare, nor pick up the fallen grapes. You will leave them for the poor and the stranger. I am Yahweh your God.

11 “You will not steal, nor deal deceitfully or fraudulently with your fellow-citizen.

12 You will not swear by my name with intent to deceive and thus profane the name of your God. I am Yahweh.

13 You will not exploit or rob your fellow. You will not keep back the labourer’s wage until next morning.

14 You will not curse the dumb or put an obstacle in the way of the blind, but will fear your God. I am Yahweh.

15 “You will not be unjust in administering justice. You will neither be partial to the poor nor overawed by the great, but will administer justice to your fellow-citizen justly.

16 You will not go about slandering your own family, nor will you put your neighbour’s life in jeopardy. I am Yahweh.

17 You will not harbour hatred for your brother. You will reprove your fellow-countryman firmly and thus avoid burdening yourself with a sin.

18 You will not exact vengeance on, or bear any sort of grudge against, the members of your race, but will love your neighbour as yourself. I am Yahweh.

19 “You will keep my laws. “You will not mate your cattle with those of another kind; you will not sow two kinds of grain in your field; you will not wear a garment made from two kinds of fabric.

20 “If someone has intercourse with a woman who is the concubine slave of a man from whom she has not been redeemed and she has not been given her freedom, he will be liable for a fine, but they will not incur death, since she was not a free woman.

21 He will bring a sacrifice of reparation for Yahweh to the entrance of the Tent of Meeting. This will be a ram of reparation,

22 and with the ram of reparation the priest will perform the rite of expiation for him before Yahweh for the sin committed; and the sin he has committed will be forgiven.

23 “Once you have entered the country and planted any kind of fruit tree, you will regard its fruit as uncircumcised. For three years you will count it as uncircumcised and it will not be eaten;

24 in the fourth year, all its fruit will be consecrated to Yahweh in a feast of praise;

25 and in the fifth year you may eat its fruit, so that it may yield you even more. I am Yahweh your God.

26 “You will eat nothing with blood in it. You will not practise divination or magic.

27 “You will not round off your hair at the edges or trim the edges of your beard.

28 You will not gash your bodies when someone dies, and you will not tattoo yourselves. I am Yahweh.

29 “Do not profane your daughter by making her a prostitute, or the country itself will become prostituted and filled with incest.

30 “You will keep my Sabbaths and revere my sanctuary. I am Yahweh.

31 “Do not have recourse to the spirits of the dead or to magicians; they will defile you. I, Yahweh, am your God.

32 “You will stand up in the presence of grey hair, you will honour the person of the aged and fear your God. I am Yahweh.

33 “If you have resident aliens in your country, you will not molest them.

34 You will treat resident aliens as though they were native-born and love them as yourself — for you yourselves were once aliens in Egypt. I am Yahweh your God.

35 “You will not be unjust in administering justice as regards measures of length, weight or capacity.

36 You will have just scales, just weights, a just ephah and a just hin. I am Yahweh your God who brought you out of Egypt;

37 hence you are to keep all my laws and all my customs and put them into practice. I am Yahweh.” ‘

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* CIC LA MORALIDAD DE LAS PASIONES

* LA MORALIDAD DE LAS PASIONES

1762 La persona humana se ordena a la bienaventuranza por medio de sus actos deliberados: las pasiones o sentimientos que experimenta pueden disponerla y contribuir a ello.

I. Las pasiones

1763 El término “pasiones” pertenece al patrimonio del pensamiento cristiano. Los sentimientos o pasiones designan las emociones o impulsos de la sensibilidad que inclinan a obrar o a no obrar en razón de lo que es sentido o imaginado como bueno o como malo.

1764 Las pasiones son componentes naturales del psiquismo humano, constituyen el lugar de paso y aseguran el vínculo entre la vida sensible y la vida del espíritu. Nuestro Señor señala al corazón del hombre como la fuente de donde brota el movimiento de las pasiones (cf Mc 7, 21).

1765 Las pasiones son numerosas. La más fundamental es el amor que la atracción del bien despierta. El amor causa el deseo del bien ausente y la esperanza de obtenerlo. Este movimiento culmina en el placer y el gozo del bien poseído. La aprehensión del mal causa el odio, la aversión y el temor ante el mal que puede sobrevenir. Este movimiento culmina en la tristeza a causa del mal presente o en la ira que se opone a él.

1766 “Amar es desear el bien a alguien” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 1-2, q. 26, a. 4, c). Los demás afectos tienen su fuerza en este movimiento original del corazón del hombre hacia el bien. Sólo el bien es amado (cf. San Agustín, De Trinitate, 8, 3, 4). “Las pasiones son malas si el amor es malo, buenas si es bueno” (San Agustín, De civitate Dei, 14, 7).

II. Pasiones y vida moral

1767 En sí mismas, las pasiones no son buenas ni malas. Sólo reciben calificación moral en la medida en que dependen de la razón y de la voluntad. Las pasiones se llaman voluntarias “o porque están ordenadas por la voluntad, o porque la voluntad no se opone a ellas” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 1-2, q. 24, a. 1, c). Pertenece a la perfección del bien moral o humano el que las pasiones estén reguladas por la razón (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 1-2, q. 24, a. 3, c).

1768 Los sentimientos más profundos no deciden ni la moralidad, ni la santidad de las personas; son el depósito inagotable de las imágenes y de las afecciones en que se expresa la vida moral. Las pasiones son moralmente buenas cuando contribuyen a una acción buena, y malas en el caso contrario. La voluntad recta ordena al bien y a la bienaventuranza los movimientos sensibles que asume; la voluntad mala sucumbe a las pasiones desordenadas y las exacerba. Las emociones y los sentimientos pueden ser asumidos en las virtudes, o pervertidos en los vicios.

1769 En la vida cristiana, el Espíritu Santo realiza su obra movilizando todo el ser incluidos sus dolores, temores y tristezas, como aparece en la agonía y la pasión del Señor. Cuando se vive en Cristo, los sentimientos humanos pueden alcanzar su consumación en la caridad y la bienaventuranza divina.

1770 La perfección moral consiste en que el hombre no sea movido al bien sólo por su voluntad, sino también por su apetito sensible según estas palabras del salmo: “Mi corazón y mi carne gritan de alegría hacia el Dios vivo” (Sal 84,3).

Resumen

1771 El término “pasiones” designa los afectos y los sentimientos. Por medio de sus emociones, el hombre intuye lo bueno y lo malo.

1772 Ejemplos eminentes de pasiones son el amor y el odio, el deseo y el temor, la alegría, la tristeza y la ira.

1773 En las pasiones, en cuanto impulsos de la sensibilidad, no hay ni bien ni mal moral. Pero según dependan o no de la razón y de la voluntad, hay en ellas bien o mal moral.

1774 Las emociones y los sentimientos pueden ser asumidos por las virtudes, o pervertidos en los vicios.

1775 La perfección del bien moral consiste en que el hombre no sea movido al bien sólo por su voluntad, sino también por su “corazón”.*CIC

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*CIC LA MORALIDAD DE LOS ACTOS HUMANOS

* CIC                 LA MORALIDAD DE LOS ACTOS HUMANOS

1749 La libertad hace del hombre un sujeto moral. Cuando actúa de manera deliberada, el hombre es, por así decirlo, el padre de sus actos. Los actos humanos, es decir, libremente realizados tras un juicio de conciencia, son calificables moralmente: son buenos o malos.

I. Fuentes de la moralidad

1750 La moralidad de los actos humanos depende:

— del objeto elegido;
— del fin que se busca o la intención;
— de las circunstancias de la acción.

El objeto, la intención y las circunstancias forman las “fuentes” o elementos constitutivos de la moralidad de los actos humanos.

1751 El objeto elegido es un bien hacia el cual tiende deliberadamente la voluntad. Es la materia de un acto humano. El objeto elegido especifica moralmente el acto del querer, según que la razón lo reconozca y lo juzgue conforme o no conforme al bien verdadero. Las reglas objetivas de la moralidad enuncian el orden racional del bien y del mal, atestiguado por la conciencia.

1752 Frente al objeto, la intención se sitúa del lado del sujeto que actúa. La intención, por estar ligada a la fuente voluntaria de la acción y por determinarla en razón del fin, es un elemento esencial en la calificación moral de la acción. El fin es el término primero de la intención y designa el objetivo buscado en la acción. La intención es un movimiento de la voluntad hacia un fin; mira al término del obrar. Apunta al bien esperado de la acción emprendida. No se limita a la dirección de cada una de nuestras acciones tomadas aisladamente, sino que puede también ordenar varias acciones hacia un mismo objetivo; puede orientar toda la vida hacia el fin último. Por ejemplo, un servicio que se hace a alguien tiene por fin ayudar al prójimo, pero puede estar inspirado al mismo tiempo por el amor de Dios como fin último de todas nuestras acciones. Una misma acción puede, pues, estar inspirada por varias intenciones como hacer un servicio para obtener un favor o para satisfacer la vanidad.

1753 Una intención buena (por ejemplo: ayudar al prójimo) no hace ni bueno ni justo un comportamiento en sí mismo desordenado (como la mentira y la maledicencia). El fin no justifica los medios. Así, no se puede justificar la condena de un inocente como un medio legítimo para salvar al pueblo. Por el contrario, una intención mala sobreañadida (como la vanagloria) convierte en malo un acto que, de suyo, puede ser bueno (como la limosna) (cf Mt 6, 2-4).

1754 Las circunstancias, comprendidas en ellas las consecuencias, son los elementos secundarios de un acto moral. Contribuyen a agravar o a disminuir la bondad o la malicia moral de los actos humanos (por ejemplo, la cantidad de dinero robado). Pueden también atenuar o aumentar la responsabilidad del que obra (como actuar por miedo a la muerte). Las circunstancias no pueden de suyo modificar la calidad moral de los actos; no pueden hacer ni buena ni justa una acción que de suyo es mala.

II. Los actos buenos y los actos malos

1755 El acto moralmente bueno supone a la vez la bondad del objeto, del fin y de las circunstancias. Una finalidad mala corrompe la acción, aunque su objeto sea de suyo bueno (como orar y ayunar para ser visto por los hombres).

El objeto de la elección puede por sí solo viciar el conjunto de todo el acto. Hay comportamientos concretos —como la fornicación— que siempre es un error elegirlos, porque su elección comporta un desorden de la voluntad, es decir, un mal moral.

1756 Es, por tanto, erróneo juzgar de la moralidad de los actos humanos considerando sólo la intención que los inspira o las circunstancias (ambiente, presión social, coacción o necesidad de obrar, etc.) que son su marco. Hay actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias y de las intenciones, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto; por ejemplo, la blasfemia y el perjurio, el homicidio y el adulterio. No está permitido hacer el mal para obtener un bien.

Resumen

1757 El objeto, la intención y las circunstancias constituyen las tres “fuentes”; de la moralidad de los actos humanos.

1758 El objeto elegido especifica moralmente el acto de la voluntad según que la razón lo reconozca y lo juzgue bueno o malo.

1759 “No se puede justificar una acción mala por el hecho de que la intención sea buena” (S. Tomás de Aquino, In duo praecepta caritatis et in decem Legis praecepta expositio, c. 6). El fin no justifica los medios.

1760 El acto moralmente bueno supone a la vez la bondad del objeto, del fin y de las circunstancias.

1761 Hay comportamientos concretos cuya elección es siempre errada porque esta comporta un desorden de la voluntad, es decir, un mal moral. No está permitido hacer un mal para obtener un bien.

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*CIC LA LIBERTAD HUMANA EN LA ECONOMIA DE LA SALVACION

La libertad humana en la Economía de la salvación

1739 Libertad y pecado. La libertad del hombre es finita y falible. De hecho el hombre erró. Libremente pecó. Al rechazar el proyecto del amor de Dios, se engañó a sí mismo y se hizo esclavo del pecado. Esta primera alienación engendró una multitud de alienaciones. La historia de la humanidad, desde sus orígenes, atestigua desgracias y opresiones nacidas del corazón del hombre a consecuencia de un mal uso de la libertad.

1740 Amenazas para la libertad. El ejercicio de la libertad no implica el derecho a decir y hacer cualquier cosa. Es falso concebir al hombre “sujeto de esa libertad como un individuo autosuficiente que busca la satisfacción de su interés propio en el goce de los bienes terrenales” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Libertatis conscientia, 13). Por otra parte, las condiciones de orden económico y social, político y cultural requeridas para un justo ejercicio de la libertad son, con demasiada frecuencia, desconocidas y violadas. Estas situaciones de ceguera y de injusticia gravan la vida moral y colocan tanto a los fuertes como a los débiles en la tentación de pecar contra la caridad. Al apartarse de la ley moral, el hombre atenta contra su propia libertad, se encadena a sí mismo, rompe la fraternidad con sus semejantes y se rebela contra la verdad divina

1741 Liberación y salvación. Por su Cruz gloriosa, Cristo obtuvo la salvación para todos los hombres. Los rescató del pecado que los tenía sometidos a esclavitud. “Para ser libres nos libertó Cristo” (Ga 5,1). En Él participamos de “la verdad que nos hace libres” (Jn 8,32). El Espíritu Santo nos ha sido dado, y, como enseña el apóstol, “donde está el Espíritu, allí está la libertad” (2 Co 3,17). Ya desde ahora nos gloriamos de la “libertad de los hijos de Dios” (Rm 8,21).

1742 Libertad y gracia. La gracia de Cristo no se opone de ninguna manera a nuestra libertad cuando ésta corresponde al sentido de la verdad y del bien que Dios ha puesto en el corazón del hombre. Al contrario, como lo atestigua la experiencia cristiana, especialmente en la oración, a  medida que somos más dóciles a los impulsos de la gracia, se acrecientan nuestra íntima verdad y nuestra seguridad en las pruebas, como también ante las presiones y coacciones del mundo exterior. Por el trabajo de la gracia, el Espíritu Santo nos educa en la libertad espiritual para hacer de nosotros colaboradores libres de su obra en la Iglesia y en el mundo.

«Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad» (Domingo XXXII del Tiempo ordinario, Colecta: Misal Romano)

Resumen

1743 Dios […] ha querido “dejar al hombre […]en manos de su propia decisión” (Si 15,14), para que pueda adherirse libremente a su Creador y llegar así a la bienaventurada perfección (cf GS 17, 1).

1744 La libertad es el poder de obrar o de no obrar y de ejecutar así, por sí mismo, acciones deliberadas. La libertad alcanza su perfección, cuando está ordenada a Dios, el supremo Bien.

1745 La libertad caracteriza los actos propiamente humanos. Hace al ser humano responsable de los actos de que es autor voluntario. Es propio del hombre actuar deliberadamente.

1746 La imputabilidad o la responsabilidad de una acción puede quedar disminuida o incluso anulada por la ignorancia, la violencia, el temor y otros factores psíquicos o sociales.

1747 El derecho al ejercicio de la libertad, especialmente en materia religiosa y moral, es una exigencia inseparable de la dignidad del hombre. Pero el ejercicio de la libertad no implica el pretendido derecho de decir o de hacer cualquier cosa.

1748 “Para ser libres nos libertó Cristo” (Ga 5, 1).

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* CIC LA LIBERTAD DEL HOMBRE

LA LIBERTAD DEL HOMBRE

1730 Dios ha creado al hombre racional confiriéndole la dignidad de una persona dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos. “Quiso Dios “dejar al hombre en manos de su propia decisión” (Si 15,14.), de modo que busque a su Creador sin coacciones y, adhiriéndose a Él, llegue libremente a la plena y feliz perfección”(GS 17):

«El hombre es racional, y por ello semejante a Dios; fue creado libre y dueño de sus actos» (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 4, 4, 3).

I. Libertad y responsabilidad

1731 La libertad es el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, de ejecutar así por sí mismo acciones deliberadas. Por el libre arbitrio cada uno dispone de sí mismo. La libertad es en el hombre una fuerza de crecimiento y de maduración en la verdad y la bondad. La libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, nuestra bienaventuranza.

1732 Hasta que no llega a encontrarse definitivamente con su bien último que es Dios, la libertad implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, y por tanto, de crecer en perfección o de flaquear y pecar. La libertad caracteriza los actos propiamente humanos. Se convierte en fuente de alabanza o de reproche, de mérito o de demérito.

1733 En la medida en que el hombre hace más el bien, se va haciendo también más libre. No hay verdadera libertad sino en el servicio del bien y de la justicia. La elección de la desobediencia y del mal es un abuso de la libertad y conduce a la esclavitud del pecado (cf Rm 6, 17).

1734 La libertad hace al hombre responsable de sus actos en la medida en que estos son voluntarios. El progreso en la virtud, el conocimiento del bien, y la ascesis acrecientan el dominio de la voluntad sobre los propios actos.

1735 La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos, los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales.

1736 Todo acto directamente querido es imputable a su autor:

Así el Señor pregunta a Adán tras el pecado en el paraíso: “¿Qué has hecho?” (Gn 3,13). Igualmente a Caín (cf Gn 4, 10). Así también el profeta Natán al rey David, tras el adulterio con la mujer de Urías y la muerte de éste (cf 2 S 12, 7-15).

Una acción puede ser indirectamente voluntaria cuando resulta de una negligencia respecto a lo que se habría debido conocer o hacer, por ejemplo, un accidente provocado por la ignorancia del código de la circulación.

1737 Un efecto puede ser tolerado sin ser querido por el que actúa, por ejemplo, el agotamiento de una madre a la cabecera de su hijo enfermo. El efecto malo no es imputable si no ha sido querido ni como fin ni como medio de la acción, como la muerte acontecida al auxiliar a una persona en peligro. Para que el efecto malo sea imputable, es preciso que sea previsible y que el que actúa tenga la posibilidad de evitarlo, por ejemplo, en el caso de un homicidio cometido por un conductor en estado de embriaguez.

1738 La libertad se ejercita en las relaciones entre los seres humanos. Toda persona humana, creada a imagen de Dios, tiene el derecho natural de ser reconocida como un ser libre y responsable. Todo hombre debe prestar a cada cual el respeto al que éste tiene derecho. El derecho al ejercicio de la libertad es una exigencia inseparable de la dignidad de la persona humana, especialmente en materia moral y religiosa (cf DH 2). Este derecho debe ser reconocido y protegido civilmente dentro de los límites del bien común y del orden público (cf DH 7).

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LETTERS FOR REFLEXION CARTAS PARA REFLEXIONAR

          JAMES,3 LETTERS OF REFLEXION = CARTAS PARA REFLEXIONAR

 

Power of the Tongue.* 1Not many of you should become teachers, my brothers, for you realize that we will be judged more strictly, 2for we all fall short in many respects. If anyone does not fall short in speech, he is a perfect man, able to bridle his whole body also.a 3If we put bits into the mouths of horses to make them obey us, we also guide their whole bodies. 4It is the same with ships: even though they are so large and driven by fierce winds, they are steered by a very small rudder wherever the pilot’s inclination wishes. 5In the same way the tongue is a small member and yet has great pretensions.

Consider how small a fire can set a huge forest ablaze. 6The tongue is also a fire. It exists among our members as a world of malice, defiling the whole body and setting the entire course of our lives on fire, itself set on fire by Gehenna. 7For every kind of beast and bird, of reptile and sea creature, can be tamed and has been tamed by the human species, 8but no human being can tame the tongue. It is a restless evil, full of deadly poison.b 9With it we bless the Lord and Father, and with it we curse human beings who are made in the likeness of God. 10From the same mouth come blessing and cursing. This need not be so, my brothers. 11Does a spring gush forth from the same opening both pure and brackish water? 12Can a fig tree, my brothers, produce olives, or a grapevine figs? Neither can salt water yield fresh.c

True Wisdom.* 13Who among you is wise and understanding? Let him show his works by a good life in the humility that comes from wisdom.d 14But if you have bitter jealousy and selfish ambition in your hearts, do not boast and be false to the truth. 15Wisdom of this kind does not come down from above but is earthly, unspiritual, demonic. 16For where jealousy and selfish ambition exist, there is disorder and every foul practice. 17But the wisdom from above is first of all pure, then peaceable, gentle, compliant, full of mercy and good fruits, without inconstancy or insincerity.e 18And the fruit of righteousness is sown in peace for those who cultivate peace.f

* [3:1–12] The use and abuse of the important role of teaching in the church (Jas 3:1) are here related to the good and bad use of the tongue (Jas 3:9–12), the instrument through which teaching was chiefly conveyed (see Sir 5:11–6:1; 28:12–26).

* [3:13–18] This discussion of true wisdom is related to the previous reflection on the role of the teacher as one who is in control of his speech. The qualities of the wise man endowed from above are detailed (Jas 3:17–18; cf. Gal 5:22–23), in contrast to the qualities of earthbound wisdom (Jas 3:14–16; cf. 2 Cor 12:20).

a. [3:2] 1:26; Prv 13:3; Sir 28:12–26.

b. [3:8] Ps 140:4.

c. [3:12] Mt 7:16–17.

d. [3:13] Eph 4:1–2.

e. [3:17] 1:17; Wis 7:22–23.

f. [3:18] Mt 5:9.

Carta de Santiago, 3

Vicios de la lengua desenfrenada, diferencia entre la ciencia terrena y la Celestial


1.
Hermanos, no se hagan todos maestros; ya saben que como maestros seremos juzgados con más severidad,

 

2. y todos tenemos nuestras fallas. El que no peca en palabras es un hombre perfecto de verdad, pues es capaz de dominar toda su persona.

3. Poniendo un freno en la boca del caballo podemos dominarlo, y sometemos así todo su cuerpo.

4. Lo mismo ocurre con los barcos: con un pequeño timón el piloto los maneja como quiere, por grandes que sean, aun bajo fuertes vientos.

5. Así también la lengua es algo pequeño pero puede mucho; aquí tienen una llama que devora bosques.

6. La lengua es un fuego, y es un mundo de maldad; rige nuestro organismo y mancha a toda la persona: el fuego del infierno se mete en ella y lo transmite a toda nuestra vida.

7. Animales salvajes y pájaros, reptiles y animales marinos de toda clase han sido y de hecho son dominados por la raza humana.

8. Pero nadie ha sido capaz de dominar la lengua. Es un azote que no se puede detener, un derrame de veneno mortal.

9. Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios.

10. De la misma boca salen la bendición y la maldición.

11. Hermanos, esto no puede ser así. ¿Es que puede brotar de la misma fuente agua dulce y agua amarga?

12. La higuera no puede producir aceitunas ni la vid higos, y lo salobre no dará agua dulce.

13. ¿Así que eres sabio y entendido? Si tu sabiduría es modesta, veremos sus frutos en tu conducta noble.

14. Pero si te vuelve amargo, celoso, peleador, no te fíes de ella, que eso sería mentira.

15. Esa clase de sabiduría no viene de arriba sino de la tierra, de tu propio genio y del demonio.

16. Y donde hay envidia y ambición habrá también inestabilidad y muchas cosas malas.

17. En cambio la sabiduría que viene de arriba es, ante todo, recta y pacífica, capaz de comprender a los demás y de aceptarlos; está llena de indulgencia y produce buenas obras,

18. no es parcial ni hipócrita. Los que trabajan por la paz siembran en la paz y cosechan frutos en todo lo bueno.

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FROM LETTER OF JAMES Sin of Partiality

Sin of Partiality.* 1My brothers, show no partiality as you adhere to the faith in our glorious Lord Jesus Christ. 2 For if a man with gold rings on his fingers and in fine clothes comes into your assembly, and a poor person in shabby clothes also comes in, 3 and you pay attention to the one wearing the fine clothes and say, “Sit here, please,” while you say to the poor one, “Stand there,” or “Sit at my feet,” 4 have you not made distinctions among yourselves and become judges with evil designs?* 5 Listen, my beloved brothers. Did not God choose those who are poor* in the world to be rich in faith and heirs of the kingdom that he promised to those who love him?a 6 But you dishonored the poor person. Are not the rich oppressing you? And do they themselves not haul you off to court? 7 Is it not they who blaspheme the noble name that was invoked over you?b 8 However, if you fulfill the royal* law according to the scripture, “You shall love your neighbor as yourself,” you are doing well.c 9 But if you show partiality, you commit sin, and are convicted by the law as transgressors.d 10 For whoever keeps the whole law, but falls short in one particular, has become guilty in respect to all of it.e 11 For he who said, “You shall not commit adultery,” also said, “You shall not kill.”f Even if you do not commit adultery but kill, you have become a transgressor of the law. 12g So speak and so act as people who will be judged by the law of freedom.* 13 For the judgment is merciless to one who has not shown mercy; mercy triumphs over judgment.h Faith and Works.* 14 What good is it, my brothers, if someone says he has faith but does not have works? Can that faith save him?i 15 If a brother or sister has nothing to wear and has no food for the day, 16and one of you says to them, “Go in peace, keep warm, and eat well,” but you do not give them the necessities of the body, what good is it?j 17 So also faith of itself, if it does not have works, is dead. 18 Indeed someone might say, “You have faith and I have works.” Demonstrate your faith to me without works, and I will demonstrate my faith to you from my works. 19 You believe that God is one. You do well. Even the demons believe that and tremble. 20 Do you want proof, you ignoramus, that faith without works is useless? 21 Was not Abraham our father justified by works when he offered his son Isaac upon the altar?k 22 You see that faith was active along with his works, and faith was completed by the works. 23 Thus the scripture was fulfilled that says, “Abraham believed God, and it was credited to him as righteousness,” and he was called “the friend of God.”l 24 See how a person is justified by works and not by faith alone. 25 And in the same way, was not Rahab the harlot also justified by works when she welcomed the messengers and sent them out by a different route?m 26 For just as a body without a spirit is dead, so also faith without works is dead. 

* [2:1–13] In the Christian community there must be no discrimination or favoritism based on status or wealth (Jas 2:2–4; cf. Mt 5:3; 11:5; 23:6; 1 Cor 1:27–29). Divine favor rather consists in God’s election and promises (Jas 2:5). The rich who oppress the poor blaspheme the name of Christ (Jas 2:6–7). By violating one law of love of neighbor, they offend against the whole law (Jas 2:8–11). On the other hand, conscious awareness of the final judgment helps the faithful to fulfill the whole law (Jas 2:12).

* [2:4] When Christians show favoritism to the rich they are guilty of the worst kind of prejudice and discrimination. The author says that such Christians set themselves up as judges who judge not by divine law but by the basest, self-serving motives.

* [2:5] The poor, “God’s poor” of the Old Testament, were seen by Jesus as particularly open to God for belief in and reliance on him alone (Lk 6:20). God’s law cannot tolerate their oppression in any way (Jas 2:9).

* [2:8] Royal: literally, “kingly”; because the Mosaic law came from God, the universal king. There may be an allusion to Jesus’ uses of this commandment in his preaching of the kingdom of God (Mt 22:39; Mk 12:31; Lk 10:27).

* [2:12–13] The law upon which the last judgment will be based is the law of freedom. As Jesus taught, mercy (which participates in God’s own loving mercy) includes forgiveness of those who wrong us (see Mt 6:12, 14–15). * [2:14–26] The theme of these verses is the relationship of faith and works (deeds). It has been argued that the teaching here contradicts that of Paul (see especially Rom 4:5–6). The problem can only be understood if the different viewpoints of the two authors are seen. Paul argues against those who claim to participate in God’s salvation because of their good deeds as well as because they have committed themselves to trust in God through Jesus Christ (Paul’s concept of faith). Paul certainly understands, however, the implications of true faith for a life of love and generosity (see Gal 5:6, 13–15). The author of James is well aware that proper conduct can only come about with an authentic commitment to God in faith (Jas 2:18, 26). Many think he was seeking to correct a misunderstanding of Paul’s view.
a. [2:5] 1 Cor 1:26–28; Rev 2:9.

b. [2:7] 1 Pt 4:4.

c. [2:8] Lv 19:18; Mt 22:39; Rom 13:9.

d. [2:9] Dt 1:17.

e. [2:10] Gal 3:10.

f. [2:11] Ex 20:13–14; Dt 5:17–18.

g. [2:12] 1:25; Rom 8:2.

h. [2:13] Mt 5:7; 6:14–15; 18:32–33.

i. [2:14] Mt 25:31–46; Gal 5:6.

j. [2:16] 1 Jn 3:17.

k. [2:21] Gn 22:9–12; Heb 11:17.

l. [2:23] Gn 15:6; Rom 4:3; Gal 3:6 / 2 Chr 20:7; Is 41:8.

m. [2:25] Jos 2:1–21.

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